101

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Se preguntará usted, señor Gonsales, qué es lo que hay detrás de la puerta de la habitación 101. Durante las últimas semanas ha sido sometido a todo tipo de maltratos, si, llamémoslo por su nombre, a torturas, físicas y psicológicas… tome, límpiese, no sé ha dado usted cuenta pero de su nariz cuelga una mezcla de moco y sangre que a mí personalmente me da bastante asco.
Paro entre paliza y paliza, en las noches de vigilia obligada siempre había alguien que le decía. “le parece demasiado? señor Gonsales, no se preocupe, esto no es nada, ya verá lo que es bueno cuando lo envíen a la habitación 101″ Pues si, señor Gonsales, todo el tratamiento al que ha sido sometido hasta ahora tenía un único objetivo, ablandarle, dejarle a usted psicológicamente preparado para cuando lo traigan a la habitación 101.
Qué hay en la habitación 101? eso sólo lo sabe usted, el contenido de esta habitación es diferente para cada uno, lo que se pretende es doblegar su voluntad y este objetivo lo conseguimos por medio de aquello a lo que usted puede tener un temor más irracional, cada ser humano es un mundo, por más que hayamos intentado uniformizar a todas las personas, su aspecto, su manera de pensar, su ideales, los temores son algo muy íntimo de cada uno, y en cierto modo es algo que nos beneficia, así nadie conoce a lo que se enfrenta antes de entrar en la habitación 101, muchas veces uno desconoce aquello que más teme, es posible que incluso se trate de algo que aún no ha experimentado.
Han pasado ya más 20 años desde que se puso en marcha esta habitación, al principio se trataba simplemente de una tortura más refinada, habrá oído historias de ratas en una jaula o cosas similares, burdas, muy burdas, le pondré un ejemplo para que sepa a que se enfrenta, el caso de un colega suyo, llamémosle A.
El señor A. tenía mucho miedo de la opinión de los demás, trataba de agradar a todos, cuando es bien sabido que se trata de algo imposible, lo que tenía es una inseguridad latente muy pronunciada, y sobre todo un mal concepto de si mismo. Durante las semanas de pretratamiento al señor A. se le reforzó esta falta de confianza. Después, ya en la habitación 101 se le sometió a un desdoblamiento de la personalidad, de manera que se pudo sentar en una mesa, delante de si mismo y su alter ego le expuso lo que opinaba del señor A. sin ahorrarse un solo detalle desagradable, ahondando en aquellas cuestiones de las que más pudiera avergonzarse.
Para usted, Señor Gonsales, tenemos preparado algo muy especial, usted va a estar condenado a estar en un lugar que no soportará en el que le gusté o no usted deberá permanecer durante un periodo de tiempo no inferior a los 30 años, usted no dispondrá de iniciativa propia y se limitará a hacer lo que otro ha pensado en su lugar, tendrá que fingir interés por temas que no le interesan y llevarse bien con gente a la que usted despreciará. Pierda toda esperanza por alcanzar ninguno de sus sueños de juventud. Cuando esta tortura finalice usted será una persona muy distinta de la que es, no lo dude. Su condena, señor Gonsales se llama trabajo.

Si es que van como…

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Mirala, si es que hay que ver como van ahora las tías, a mí ésta me está poniendo brutísimo, vaya falda que lleva, le puedo ver el culo sin ningún esfuerzo, a esta la cogía yo y buah, hacía maravillas con ella.
Es lo que me gusta de España, que las mujeres van por la calle semidesnudas, en mi pais era tan diferente… por enseñar menos pierna de la que enseña esta la policía la detenía y el scheriff la ponía fuera del término municipal, con prohibición expresa de volver.
Joder, vaya canalillo, un poco más escotada y se ven los pelos, y no precisamente los del pecho, venga, voy a por ella.
Me miro en el espejo, me atuso el pelo cuidadosamente cortado, el traje oscuro impecable, estoy hecho un pincel, me coloco bien la chapa para que se vea bien mi nombre, allá voy:
-Hola, tengo un mensaje de Jesucristo para ti, Dios te ama…

El hombre que se lo creía todo

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Pepe sólo tenía un problema, y es que se creía todo lo que le decían.
Se compró el coche que según los anuncios le serviría para estar con mujeres de las que ni siquiera veía por la calle, tomaba cereales con fibra, para mantener la línea que nunca tuvo.
Le dijeron, todos los políticos son iguales y él se lo creyó y votó a los de siempre.
Un día llegó a casa y se encontró a su mujer en la cama con otro, le dijo “Pepe, no es lo que piensas” y Pepe dejó de pensar lo que estaba pensando.
Otro día llegó a su trabajo, Pepe, le dijeron, tenemos que despedirte, no podemos evitarlo, es por el bien de la empresa, lo sentimos, y Pepe se alegró por la empresa.
Le dijeron, tienes que odiar a ese, por su color, porque no es de aquí, porque es él el que te ha quitado tu trabajo, y Pepe lo odió con todas su fuerzas.
Finalmente llegó un día en el que le dijeron: “Pepe, eres una mierda, no sirves para nada, deberías de avergonzarte” y Pepe se sintió como una mierda y muy avergonzado.

Esperando (y III)

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[Continuación de Esperando II]

Aquí estoy, esperándola una vez más, creo que esta vez será la última, a partir de ahora será ella la que me espere a mí, y a decir verdad no creo que tarde demasiado en volver a verla.
Estoy en el coche, por lo visto vendrá en un coche que doblará esta esquina y yo deberé de seguirla porque no me sé el camino hasta el cementerio.
He estado toda la noche con ella, la han dejado muy guapa, parece mentira que en los últimos tiempos ella haya sufrido tanto, quién la vea ahora pensará que está dormida plácidamente, soñando con algo hermoso, como lo es ella en estos instantes.
Sólo espero que no sea consciente de dónde está, ella odia la oscuridad y los lugares cerrados, y ahora va hacia un lugar en el que ambas cosas son el denominador común. Cuando hablábamos de elllo ella me decía, pero si da igual, no ves que estaré muerta? haced conmigo lo que queráis, como si vendéis mi cuerpo a la ciencia…
Anoche conocí a D. me enteré de que ella tuvo una aventura con él durante años, sin que yo me enterara, ella lo amaba con locura pero lo dejó para no hacerme daño, no sé que es lo que siento al respecto, es una mezcla de sensaciones, por una parte me da rabia, creo que es lógico, a nadie le gusta ser un cornudo, la parte ridícula y vanidosa que tengo está contenta, dejó a un hombre por el que sentía una pasión desenfrenada por estar conmigo, con mi rutina y normalidad, y les sorprenderá, pero una parte muy grande de mi mismo siente alivio, alivio por el desgarrador sentimiento de culpa que siempre he tenido desde aquella ocasión en que le fui infiel y no me atreví a confesárselo, ahora estamos empatados, jode, pero los 2 somos iguales. Veo que detrás de mí está el coche de D. vaya mierda, que viejo, si D. a ti te amaba, pero me eligió a mí, y además tengo mucho mejor coche que tú, te jodes, eres un perdedoir, y sólo por eso no me caes mal.
Aquí viene el coche, me voy de paseo con L. el último paseo.

Fin

Esperando (II)

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[Continuación de Esperando (I)]

Hace una hora que C. se marchó, no sé como se me ocurrió invitarla a casa, nunca me hubiera imaginado que haría algo semejante, quiero a L, la quiero con locura, pero se me cruzaron los cables, me enrtó la angustia de pensar que hace años que no estoy con otra mujer y probablemente nuca estaría con ninguna otra. C. es la nueva de contabilidad, todos andan babeando detrás de ella, quizás mi indiferencia fue lo que me permitió traspasar su coraza, me la encontré en la máquina de café, me comentó algo de su ordenador de casa estropeado, le dije que viniera a casa que aquí lo podría hacer, vino, tomamos unas cocacolas y terminamos echando un polvo brusco y sin ganas. Luego le pedí por favor que se fuera.
Así que aquí estoy, esperando a L, que debe de estar a punto de volver de viaje, espero que le haya ido bien. La he echado mucho de menos estos días, por muy cínico que pueda resultar que diga eso precisamente ahora, demasiado. Nunca imaginé que tendría tantas ganas de ver a alguien.
Sé que debo de contárselo, que se lo debo, que después de tantos años lo menos que puedo darle es algo de sinceridad. También sé que puede ser que me mande a la mierda, que por un error tonto puede ser que nuestra relación termine escapándose por el sumidero. Pero aún así debo de ser sincero.
Alguien ha cerrado con fuerza la puerta del portal, debe ser ella, que viene con ganas de verme.

[Continuará]

(C) erykah & ShAkEr (endorphines.net) 2007
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