Viaje en el tiempo

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Por fin lo había conseguido, aquello que tanto esfuerzo le había llevado y por lo que todos sus colegas le habían tenido por loco durante años, su máquina del tiempo. Cuando planteo la posibilidad, meramente teórica de la existencia de discontinuidades en el espacio-tiempo a través de las cuales poder trasladarse a otra época, en el pasado o en el futuro consiguió la elevación de alguna que otra ceja en el ambientillo científico, cuando aseguró que podría ser capaz de predecir o incluso de provocar estas discontinuidades pasó de ser considerado extravagante a provocar hilaridad.

Su aparato no era compacto ni elegante en absoluto, tuvo que construirlo a base de distintos elementos que fue rescatando o adquiriendo de manera bastante irregular, la supuesta cápsula del tiempo no era algo físico sino un espacio imaginario de forma esférica cuyo centro era un poderoso electroimán. Pero a pesar de todo él estaba convencido de que funcionaría, sabía que sus cálculos eran correctos y había estado toda su vida preparándose para este momento.

Suspiró una última vez antes de lanzarse por primera vez al pasado, debería de ser sumamente concienzudo ya que cualquier pequeña modificación que produjera en el pasado produciría una situación paradójica. De acuerdo con su teoría, el continuo espacio-tiempo era bastante elástico de manera que las pequeñas modificaciones eran absorbidas de manera casi imperceptible, pero si las modificaciones eran demasiado importantes se alcanzaría el límite de la elasticidad de manera que el continuo se rompería con consecuencias incontrolables.

Se dirigió al pasado, unas cuantas decenas de millones de años, apareció en un bosque de helechos, la humedad era sofocante y se notaba la alta concentración de oxígeno, empezó a andar maravillado de la idea de ser el primer ser humano que recorría aquellos parajes, pasó entre los helechos gigantes y se encontró de bruces con un animal extraño, una especie de dinosaurio que no llegaba al metro de altura, se quedaron mirando unos instantes, calibrando la peligrosidad que desconocían el uno del otro, al cabo de unos instantes interminables el reptil salió corriendo despavorido. Decidió que ya había visto demasiado y volvió a su época.

A la vuelta encontró su casa totalmente cambiada, ordenada y sin cientos de libros esparcidos sobre cualquier superficie, plana o no, que allí hubiera, olió algo en la cocina e intentó recordar la última vez que alguién preparó allí algo que no estuviera precocinado, entró en la habitación confuso, y allí estaba ella, tal y como él la recordaba pero envejecida los quince años que habían pasado desde que murió.

Entonces comprendió lo que había pasado, durante su estancia en el pasado debió de cambiar algo, una variación imperceptible que produjo otro cambio imperceptible en el futuro pero lo suficiéntemente relevante como para que su avioneta no cayera en medio de Atlántico. Además se dio cuenta de que recordaba todo el tiempo transcurrido desde entonces, haberlo pasado con ella, casarse, tener hijos… de manera que el haberla perdido alguna vez se fue haciendo un recuerdo cada vez más borroso.

Decidió volver al pasado, esta vez sabía que se encontraría con el reptil y permaneció agazapado observándolo sin ser visto. Al volver se encontró su casa desordenada, y sin rastro de ella por ninguna parte, comprendió que había revertido aquello que había hecho la vez anterior y con ello la había vuelto a perder, tenía que volver para dejarlo todo como la primera vez.

Volvió a encontrarse por tercera vez en el mismo bosque del triásico, recorrió el mismo camino que la primera y se encontró con el mismo reptil de las dos anteriores, pero esta vez no salió corriendo sino que lo atacó, con una de sus garras le hizo un arañazo y él lo apartó de un manotazo, salió corriendo de allí y sin mirar atrás volvió a la máquina, cuando volvió notó otra vez la presencia de ella en la casa, ella salió de la cocina y le dijo “¿dónde te habías metido? estaba preocupada, has estado dos días fuera de casa” notó que algo iba mal cuando lo cogió en brazos y le dio un beso en la cabeza “mira que eres gamberro, mira que herida traes en la patita, seguro que has estado peleándote por ahí con los otros gatos” le llenó su comedero de pienso y le puso leche en su platito, él ronroneó de satisfacción.

Éxito

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Desde el rincón le miraba la presencia inquietante de la fuente “Zen”, ella se empeñó en comprarla y él accedió, a ella por lo visto le tranquilizaba el reguero sin fin de agua escurriéndose por la losa de imitación de piedra pero a él le ponía nervioso el chapoteo del agua reciclada cayendo sobre la espuma que ella misma dejaba, no se deshacía del artefacto porque era el único recuerdo de ella que le quedaba pero apretaba la espalda contra el sofá intentando evitar su influencia maléfica, algún día reuniría fuerzas para poder llevarla al vertedero.

Echó la mete atrás y recordó los días en los que ella todavía no estaba en su vida aunque si en su mente, él sólo intentaba hacerse notar para atraer su atención pero ella estaba demasiado ocupada intentando alimentar su ego desmesurado, él era un proyecto de artista, una suerte de artista renacentista venido a menos capaz de lograr la más absoluta mediocridad en cualquier disciplina que se propusiera, este hecho no le resultaba ajeno a ella para quién hubiera sido absolutamente insignificante si alguna vez se hubiera detenido a fijarse en él, el mientras tanto la amaba platónicamente si bien su amor rendía más homenaje a Onán que al discípulo de Sócrates.

Él era plenamente consciente del patetismo de su situación así que empezó una carrera como monologuista en la que su principal fuente de material era él mismo, sus problemas con las mujeres, con las drogas, más bien con sus problemas para conseguir dinero para poder costeárselas y con la vida en general. Y el caso es que tuvo éxito, hacía un monólogo de como pedía un crédito para poder costearse sus vicios y llenaba la sala, lo hacía sobre el gatillazo de la noche anterior y salía en la portada de “El País de las Tentaciones”. Humor iconoclasta, decían, y él no podía sustraerse de aquello, cuanto más revolvía en sus miserias más popular se hacía, terminó saliendo como fijo en el programa de Sardá.

Mientras tanto apareció ella en su vida, a él no le iban nada mal las cosas y ella se arrimó a él como si fuera un billete de 500 euros, ella era guapa y él famoso, eran la pareja de moda y a quién no podían impresionar con su éxito siempre podían hacerlo a base de rayas de coca regaladas.

Con la fama intentó desarrollar sus posibilidades, abandonar la autoflagelación y hacer un “humor inteligente” al estilo inglés, en lo que fracasó estrepitósamente, intentaba ser algo diferente pero consiguió ser diferente a lo que la gente, su público, le pedía. Su nuevo yo no tuvo éxito, pretender ser inteligente provocaba división de opiniones, había a quienes les parecía pretencioso y a quienes simplemente les parecía patético, y así poco a poco fue desapareciendo del candelero tan rápido como cuando apareció.

Se dio cuenta de que todo se había desmoronado cuando se tuvo que ir un fin de semana a amenizar la inauguración de una discoteca de pueblo, el poco dinero que le dieron se lo gastó todo en coca, las copas las pagó con la tarjeta de crédito. A la vuelta ella se había ido y no quedaba en su casa ninguna muestra de su paso por la misma, excepto la fuente Zen que fue lo único que no pudo guardar en su exigua maleta, se fue con su glamour de Barbie Superstar a iluminar el aura de alguna nueva estrella de temporada.

Pasó el tiempo y de él no se acordaban ni en los programas de “¿qué fue de…?” tuvo que vender la mayoría de sus cosas para ir sobreviviendo, le ayudaba alguno de los amigos de verdad que inopinadamente había conservado desde sus comienzos en el mundillo, había dejado todas las mierdas que habían dado sentido a su vida y poco a poco fue consiguiendo algunos bolos en pequeños locales en los que alguien lo recordaba todavía, si lo que le dio fama fue su falta de amor propio y el cultivo de su miseria ahora tenía cantidades industriales de ello, según para quién era un artista de culto.

De repente se produjo un momento “revival” y volvió a estar de moda ablar de él, en círculos reducidos y exclusivos, la semana siguiente le habían llamado del programa de Buenafuente, tenía un mensaje en el constestador, era ella, lo echaba de menos… y ahí estaba él en casa, mirando la fuente Zen.

Amor en la red

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Cuando A. rompió con su novio, tras 7 años juntos, 2 de ellos compartiendo piso, sintió que se había quitado un gran peso de encima, peso que notaba sobre todo por el enorme hueco que había dejado en su cama.
Habían seguido juntos más por inercia que por otra cosa y si bien los últimos tiempos habían dejado bastante que desear por lo menos les sirvieron para que una ruptura que podría haber sido desgarradora en realidad se convirtiera en algo natural, agridulce pero natural.
Así que allí estaba ella, sola después de tanto tiempo en que la soledad era un pájaro que dejó escapar de su jaula y a ahora era una realidad cotidiana a la que no se atrevía por miedo a mirar directamente a los ojos. La combatió bravamente, se apunto a clases de baile de salón, se hizo socia del videoclub, volvió a juntarse con amigas a las que hacía mucho que no veía para descubrir que, efectivamente, ya no era lo mismo, sus amigas habían dejado de serlo, o peor aún, creían seguir siéndolo y sin embargo no tenían nada en común, ni siquiera la posibilidad de entablar conversación.
Decidió quemar las naves, apostando fuerte, se compró un ordenador portátil y contrató un acceso a internet de banda ancha, se apuntó a un curso y consiguió domar esa máquina infernal para poder navegar, entrar en foros, crear su blog, y por último participar en un chat, dónde sin duda encontraría a esa persona que tanto venía necesitando y le llenaría tantos huecos que tenía vacíos.
Un buen día, pegado en un powerpoint supuestamente gracioso y/o divertido entró en su vida W32.SecretLover un virus polimórfico con una refinada inteligencia artifical.
W32.SecretLover es un spyware que permanece agazapado en el disco duro, residente en la memoria del ordenador infectado, estudia minuciosamente a la persona que lo usa, hasta llegar a conocer sus anhelos y necesidades, de esta manera es capaz de adivinar el punto débil que tiene cualquier persona y es ahí donde ataca, no con intención dañina sino con la más o menos venévola de darle lo que necesita, de manera que no pueda ceder.
A los pocos días A. entró en el chat de treintañeros solteros en que solía entrar, le abrió una conversación privada un tal “Marcelo”, tras la primera precaución que la lógica impone a entablar una conversación con un perfecto desconocido, A. levantó la barrera al descubrir lo mucho en común que tenían, eran almas gemelas separadas tan sólo por un océano.
A. quiso ir poco a poco, tenía miedo de retirar esa coraza que había puesto a su corazón y que no escondía sino su fragilidad, Marcelo se mostraba respetuoso con esto, solía terminar sus frases con un “…mi amor” tras lo cual le pedía perdón “perdoná, no pude evitarlo”. A. se derretía por dentro ante aquel chico que se disculpaba por quererla como hacía tiempo, quizás toda su vida, que nadie la quería.
Un día se despertó con Marcelo que le susurraba en un e-mail:

“cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
Amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
Y más”

En realidad fue un poeta chileno que se hacía llamar Pablo quien puso las palabras, pero A. no lo sabía y creía a Marcelo perfectamente capaz de escribir tales versos, no tenía duda, él la quería, y ¿para qué seguir engañando al mundo? Su amor era totalmente correspondido y duplicado 2 o 3 veces al menos.
Se enviaron fotos, pues aún no se habían atrevido a poner cara a esas letras que les enamoraban al otro lado del teclado, era tal y como lo imaginaba, alto delgado y con aspecto bohemio, podría haber sido un modelo, ella le envió una foto en la que no salía del todo mal, de hecho seguramente Marcelo, cegado por el amor, la encontraría irresistiblemente atractiva en aquella instantánea.
Hiciéron planes, Marcelo intentaría ir a visitarla aquel verano, sino ella iría en invierno que allí sería verano de nuevo, podrían verse, podrían dar rienda suelta a ese torrente de pasiones que los llevaba precipicio abajo, ella era más feliz que nunca.
El ordenador empezó a hacerle cosas raras, iba inusualmente lento y se colgaba aunque no tuviera ningún programa abierto, llamó a su primo L. que era ingeniero de “teleco” y lo sabía todo de ordenadores.
“Eso es un virus” le dijo, “ya verás, le paso el “macafí” y nos lo cargamos en un plisplás” L. le llevó un cd-rom, se lo instaló cacharreó un poco con el aparato y al cabo de un rato le dio su diagnóstico “ya está, solucionado, era un virus, ya verás como a partir de ahora te irá mucho mejor”
Aquella noche Marcelo no se conectó al Chat, aún lo sigue esperando.

Los dramas del eclipse

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1) Edelmiro Senovilla se asomó a la ventana de su casa y vio que algo raro le sucedía al sol, cogió su escopeta de ir a cazar y fue a buscar a su vecino, Octavio Ridruejo, que seguramente algo le habría hecho al sol, le descerrajó cuatro tiros en la tripa. Más tarde cuando el sol volvió a su normalidad comentabna: “si es que ya sabía yo…”

2) Olegario Carrascosa miró directamente al sol durante el eclipse, lo que le produjo quemaduras en sus ojos que le causaron una ceguera permanente e irreversible.

3) Gaudencio Gorriarán compró unas gafas polarizadas homologadas con las que pudo disfrutar del fenómeno astronómico, había hecho números y pensando que el siguiente eclipse sería en 2021 le salían las cuentas. Más tarde descubrió, horrorizado que dicho eclipse sería total, por lo cual no necesitaría gafas para observarlo.

Diario de un guerrero

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Dicen que es un honor, que representamos una cultura milenaria, que data de hace más de mil años, de la India.
Hemos sido tallados en fino marfil por las expertas manos de los mejores artesanos que nos dan esa forma que tanto les gusta a algunos acariciar y dejar resbalar por la palma de la mano.
Si, no nos mueven al tuntún, , no obedecemos a cualquiera, nos manejan auténticos grandes maestros que saben lo que es la apertura siciliana y el gambito de dama.
Pero no quiero seguir siendo un peón, un simple peón, envidio el caballo, de movimientos imprevisibles y que salta por encima de cualquier otra pieza, a las torres, fuertes e implacables en sus movimientos, a los alfiles, que cruzan la diagonal del tablero como saetas afiladas, quisiera ser como ellos y no tener que avanzar pasito a paso, pero sobre todo quisiera ser como la reina, con su libertad total de movimientos, que cruza el tablero como un ángel exterminador, como me gustaría a mí poder hacer lo mismo, dicen que si llego al final del tablero, si sigo avanzando y llego a la octava casilla de mi fila, podré convertirme en reina, desde entonces sólo pienso en una cosa, en avanzar.


In memoriam

(C) erykah & ShAkEr (endorphines.net) 2007
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