En años anteriores al hablar del día de hoy intenté, de una manera más o menos efectiva mostrar el aprecio que tengo hacia esta fiesta, es decir… ninguno. Ahora vendría la perorata de todos los años sobre que es una fiesta inventada, como tantas, por los comerciantes, bla, bla, bla, que por qué este día si y mañana no y todas esas cosas.

Por supuesto cada cual en ejercicio de su libre albedrío debería de poder elegir su manera preferida de edulcorar su vida de la manera que estime más oportuna. Esto viene a cuento después de leer que en Arabia Saudí, la Mutawa (policía religiosa) en su afán de cercenar la libertad de sus conciudadanos hasta en los aspectos más absurdos de sus vidas ha decidido hacer cumplir la prohibición de celebrar esta fiesta por el medio de vigilar a los floristas y prohibirles vender flores rojas, la “Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio” es la encargada de esta vigilancia. Mientras tanto las rosas rojas alcanzan precios de escándalo en el mercado negro.

A uno le entra un cierto sentimiento de culpa al no hacer uso de la libertad de ser absurdo, me jode sentirme obligado a demostrarle a la niña lo mucho que la quiero simplemente porque toca, pero no quiero imaginarme lo que me jodería no poder demostrárselo simplemente porque un “iman” lo considera inmoral.

Niña, tú sabes que te quiero ¿lo celebrarmos mañana?

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