Pasan las semanas y cada vez se aproxima más el acontecimiento que llevamos tanto tiempo esperando, 33 semanas, faltan siete (o así) por cierto que una de las características fundamentales de los que estamos esperando es el de usar una escala de tiempos independiente a las del resto de la humanidad, de los solsticios, del año nuevo chino y hasta de las elecciones generales (esas) el tiempo se mide en semanas, y en contra de lo que pueda decir la ciencia no corre hacia adelante, sino hacia detrás, en una cuenta regresiva que terminará probablemente a finales de marzo, la gente normal te pregunta: “¿de cuántos meses estáis?” y tu respondes: “¿meses? ¿quién cuenta el tiempo en meses? estamos de 32 semanas y 6 días”

El caso es que tampoco tenemos muy claro qué nos vamos a encontrar al otro lado de la cuenta atrás, cuando el tiempo empiece a correr hacia adelante, para hacernos a la idea estamos yendo cada semana a las clases de preparación al parto que por un lado aclara muchas de nuestras preocupaciones pero por otro nos crea unos cuantas con las que quizás jamás hubiéramos contado (a ver, cuando te enteras de que el cráneo de los bebés no está completamente cerrado te entran los 7 males, esto sólo debería de ser razón suficiente para desacreditar la teoría del “diseño inteligente” :P) una cosa que te sorprende es encontrarte en medio de conversaciones acerca de pechos o vaginas con la misma carga erótica que tendría el despiece del cigüeñal de un coche, y descubres una serie de penalidades que pasan las pobres “barrigonas” y tú ahí, tan pancho pensando por dentro “vale, técnicamente yo soy responsable de el asunto este, pero lamentablemente no puedo hacer nada por solucionarlo… aparte de salir a comprar donettes a horas intempestivas, claro”

Continuará…

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