Recuerdo hace ya unos cuantos años (tantos que si mi vida estuviera en el polo sur en estos momentos podría afirmar que por aquel entonces disfrutaba del clima caribeño del final de la adolescencia) en que me enamoré, entre otras, de la bibliotecaria de mi barrio.
Era aceptablemente guapa, a pesar de ser muy mayor, aproximadamente lo mayor que soy yo en estos momentos, y nuestras conversaciones tenían lugar en el mostrador de la biblioteca y versaban sobre los libros que yo por aquella época devoraba, incluso sin el aliciente de ir a verla por lo menos 2 veces por semana. Recuerdo que por aquella época leí casi todo lo que tenían, la biblioteca era modesta pero estaba bien surtida, de Anthony Burgess y Henry Miller, este último tengo que decir que me servía para pretender ser mayor. Incluso en alguna ocasión me permití el lujo de recomendarle algún libro, y ella me respondía al cabo de nas semanas: “tenías razón, es muy bueno”
Un día al ir a devolver mis libros me encontré una biblioecaria nueva y de la anterior no volví a saber nada, con la nueva no quise volver a tener confianza, y seguramente ella tampoco me habría dado pie para ello, fue una tontería, pero posiblemente fue la primera vez que me rompieron el corazón, después vinieron otras cuantas, y además aquellas fueron de verdad.
Hala, Io, ¿a que ahora te reconcome la responsabilidad? :P

El día de hoy, cautivos y desarmados los socavones de EL Prat, ha circulado por primera vez el Ave entre Madrid y Barcelona (y viceversa)
Mientras las veloces locomotoras alemanas cruzaban velozmente la meseta, aquí un servidor de ustedes se pasaba media hora dentro de un tren de cercanías que recorrió la escalofriante distancia de cero kilómetros, cero metros y cero centímetros (en AVE habrían sido 150 km).
AVE: 650 km – 2h 39m
Cercanías: 30 km – 1h
Esta mañana, mientras el “txabalote” de Bricomanía montaba una chimenea, aquí servidor vaciaba el lavavajillas y lo volvía a llenar, tardamos el mismo tiempo, mientras él empezaba a poner el primer ladrillo yo sacaba la primera cucharilla, y yo metía las tijeras de la pizza de ayer mientras él le daba los últimos retoques al “pladur”.
Definitivamente era cierto, los vascos son una raza superior.
(vemos demasiado a menudo “People and Arts”)
En años anteriores al hablar del día de hoy intenté, de una manera más o menos efectiva mostrar el aprecio que tengo hacia esta fiesta, es decir… ninguno. Ahora vendría la perorata de todos los años sobre que es una fiesta inventada, como tantas, por los comerciantes, bla, bla, bla, que por qué este día si y mañana no y todas esas cosas.
Por supuesto cada cual en ejercicio de su libre albedrío debería de poder elegir su manera preferida de edulcorar su vida de la manera que estime más oportuna. Esto viene a cuento después de leer que en Arabia Saudí, la Mutawa (policía religiosa) en su afán de cercenar la libertad de sus conciudadanos hasta en los aspectos más absurdos de sus vidas ha decidido hacer cumplir la prohibición de celebrar esta fiesta por el medio de vigilar a los floristas y prohibirles vender flores rojas, la “Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio” es la encargada de esta vigilancia. Mientras tanto las rosas rojas alcanzan precios de escándalo en el mercado negro.
A uno le entra un cierto sentimiento de culpa al no hacer uso de la libertad de ser absurdo, me jode sentirme obligado a demostrarle a la niña lo mucho que la quiero simplemente porque toca, pero no quiero imaginarme lo que me jodería no poder demostrárselo simplemente porque un “iman” lo considera inmoral.
Niña, tú sabes que te quiero ¿lo celebrarmos mañana?
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