La tarde de ayer empezó bien, rompimos las cadenas con la principal (e imperialista) entidad financiera catalana, con la que conservábamos una cuenta, más por vagancia que por cariño, que no nos tría más que sinsabores y comisiones, y oye, no dolió ni nada, se puede ser catalán sin tener una cuenta en “La Caixa” (hala, ya se me ha escapado cuál es la entidad en cuestión) A la niña se le quedó una cierta sensación de vacío ya que no hicieron ni el más mínimo gesto para intentar retenernos, ni siquiera una mirada displicente tipo “ya volveréis”. ahora tenemos que decidir en qué nos gastamos los 1,36 € que nos sobraron.

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