Ayer fuimos al Palau Sant Jordi (por cierto, no había estado nunca, un recinto impresionante) al primer concierto en Barcelona capital de este par de pajarracos que andan por ahí dando vueltas dedicándose a alegrarle la vida a la gente con sus coplillas y ya de paso a llenarse los bolsillos de dinero, que una cosa no quita la otra.

Serrat y Sabina son una pareja bien avenida, y con mucha más química que las de las “matrimoniadas” y aunque en el escenario gustan de pegarse puyazos se nota que se quieren y ayer nos lo demostraron una vez más encima del escenario del Sant Jordi, por cuadragésimo séptima vez desde que empezaron su gira hace ya más de cuatro meses.

Y no fue fácil llegar después del diluvio que cayó encima de nosotros, la “suegri”, la niña, el gusiluz, que también estuvo ahí pegando botes, y yo mismo, al final conseguimos llegar a tiempo de comernos el bocata y de pagar 2 euros por una botella de agua (si, ya sé, que estábamos en un concierto, pero que ya hacen bastante negocio con el precio de las entradas)

Una vez allí el ambiente increíble, había de todo, familias enteras que como nosotros habíamos ido a ver el concierto, “gruppies” cincuentonas, chavalillos cantando canciones de unos señores que podrían ser sus abuelos y todo tipo de expresiones del “gafapastismo” patrio.

Cantaron lo más granado del repertorio de cada uno, entrecruzándose entre ellos, cantando el uno canciones del otro, haciendo duos (¿desde cuándo un dúo pasó a llamarse un “dueto”? por lo visto desde siempre pero eso no quita para que me siga pareciendo cursi) y con algunos momentos memorables, como Sabina cantando en catalán las partes que le tocaban de “Contigo” (”jo no vull un amor civilitzat…“) o cuando el Sant Jordi en pleno cantaba, mechero en mano, “Paraules d’amor”, que mira que yo no soy mucho de Serrat, en realidad es más bien que soy mucho más de Sabina, pero a uno se le ponían los vellos de punta al escucharlo.

Pero el delirio fue cuando empezaron a tocar El Muerto Vivo y salió al escenario un señor al que al principio no reconocíamos pero resulto ser el mismísimo Peret, en cuerpo y alma, y aquello se convirtió en una auténtica olla a presión, ver a tanto gafapasta rumbeando y cantando “no estaba muerto que estaba de parranda” a voz en grito fue algo digno de ser recordado.

Y cómo ahuantan los “jodíos”, a Serrat ya se le nota que se conserva muy bien para su edad, a “Sabinilla” se le ve más desgastado por la vida pero cuando casi a la una de la mañana tras casil 3 horas de concierto que han pasado volando uno descubre que tampoco es inmune al paso del tiempo y que lo que siente en las piernas es puro dolor no le queda más remedio después del segundo bis que rezar para que se acabe ya, que mañana hay que madrugar, mientras recibo ondas cerebrales del “gusiluz” que opina que su padre es un rajao, es su primer concierto ya que en el de Kiko Veneno de este verano apenas era un cigoto del que por cierto aún desconocíamos su existencia, le gustó mucho, nos va a salir “conciertera” la criatura.

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