O dicho en castizo “ahí toy” así es como se llama un “juego” que compramos para la play y que sirve para hacer gimnasia (vale, el propósito es absurdo, pero era un cheque de regalo que nos regalaron estas navidades, no sabíamos que comprar, la Fnac lo admitía… en fin, que os voy a contar)

El caso es que de un tiempo a esta parte me he decidido a ponerme en forma, o sea, a adelgazar, no es que mi imagen no me preocupe sino que mi pereza es superior a mi vanidad, y ya puestos a hablar de pecados de gula tampoco estoy manco (nota mental: la lujuria también es de mis preferidos pero uno no debería de hacer caso a cualquier cosa escrita en un libro) El empujón definitivo para mi decisión de perder unos cuantos kilos (al menos 7, ya han caido 2, pero antes del verano eran 4) es que los años no pasan en balde y me está empezando a clarear la coronilla, y eso si que no hay gimnasia que lo pare, y lo cierto es que si hay que quedarse calvo uno lo asumirá con dignidad, pero paso de ser un “gordito calvo”

Empecé a salir a correr por las mañanas, pero tras algún que otro madrugón y tras tener que recoger un par de veces mis pulmones del suelo he llegado a una conclusión: correr es de cobardes. Lo siguiente que se me ocurrió ha sido desempolvar la camarita y ya de paso la “play”

La idea es sencilla, tú te pones delante de la cámaraesta capta tu silueta y así apareces en la pantalla haciendo los ejercicios mientras una chica  cibernética te va ayudando. La rutina empieza con un calentamiento, la “cyborg” realiza gráciles movimientos de tai-chi mientras yo puedo verme en la pantalla de televisión imitándola con la elegancia de un fardo de patatas (nota mental: podría ser peor, imagínatelo si tuvieras una tele de alta definición)

Tras el calentamiento viene un jueguecito en teoría divertido que consiste en matar unas pelotitas azules con las que sumas puntos al tiempo que debes de esquivar otras pelotas rojas que te los restan, parecía fácil, si, y empieza dándoseme bien, pero es un juego de velocidad progresiva y las bolas rojas cada vez van más rápidas, lo cual se une a que yo sudo cada vez más como un gorrino, cada vez que te da una bola roja suena una especie de “meeeeec” y por momentos se oyen tantos bocinazos que la cosa empieza a parecer el tráfico en hora punta, la chica cibernética me dice de vez en cuando cosas tales como: “no te preocupes puedes hacerlo mejor” o  “no pasa nada, tú sigue intentándolo” mientras yo por dentro no paro de pensar: “dios mío, que se termine de una vez este puto infierno” cuando se termina el ejercicio, la buenrrollista monitora cibernética me dice más o menos literalmente: “pero bueno, a qué viene esa cara, no te preocupes, la próxima vez los harás mejor”, el caso es que uno tiene sus nociones de la inteligencia artificial, pero es la primera vez que veo una muestra semejante de “condescendencia digital”.

Eso si, el siguiente juego era de “kickboxing” y consistía en matar unas pelotitas amarillas a base de puñetazos y patadas y el caso es que después de la mala leche que llevaba acumulada me lié a meter hostias y saqué una puntuación altísima, la chica me dijo que lo había hecho estupéndamente, que yo era el mejor y que nadie lo había hecho nunca tan bien como yo, pero,  ¿puede uno fiarse de una mujer (aunque sea cibernética) cuando te dice esas cosas?

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