LisboaVuelvo a Lisboa, esta vez en viaje de negocios (para nada de placer, lo juro) apenas sin tiempo para reponerme se me han terminado las vacaciones y Tossa empieza a ser un recuerdo vagamente lejando, lo peor de todo es que el sutíl moreno que cogí se está diluyendo por momentos, de manera que ya apenas da envidia a nadie y a uno le entra un poco de sentimiento de culpa por la tonta manera en que se ha expuesto a la posibilidad de un melanoma.

Todo eso pasaba por mi cabeza cuando estaba a una hora absolutamente intempestiva subido en el Cercanías con los billetes electrónicos de mi viaje, ida y vuelta en “Low Cost” curiosamente el mismo trayecto y las mismas compañías que la semana que viene hará el President Montilla y curiosamente el mismo día que él sigue mis pasos yo estaré volando a Madrid, y espero que esta vez se me permita formar parte de la élite que viaja en puente aéreo.

Tampoco me ha ido mal el viaje, los portugueses con los que he tratado por asuntos de curro siempre se han caracterizado por ser muy sosos (un poco estilo como yo) pero muy profesionales, algo que es de agradecer teniendo en cuenta el cantamañanismo quereina por estos lares, podríamos aprender unas cuantas cosas de nuestros vecinos de al lado, si dejamos de mirarnos el ombligo y olvidamos el complejo de superioridad que solemos tener hacia ellos. Lo que si me llamó la atención es comprobar que allí también hay un cierto complejo de inferioridad y resignación, varias personas me comentaron que claro, es que lo suyo tenía mucho mérito ya que el mercado portugués es 5 veces más pequeño que el español, entre ellos mis compañeros de empresa portugueses, que con cierto retintín me decían que no podían comprender cómo era que teniendo un mercado 5 veces más grande la división española vendía poco más que la portuguesa, olvidando quizás que son más gente trabajando en Portugal que en España y que por contra la competencia aquí es mucho más grande y mucho más feroz que la que tienen por allí, y no les quito mérito en absoluto, ya que ya podíamos aprender unas cuantas cosas, yo el primero, de mis colegas portugueses.

También salió el tema de las rivalidades entre ciudades y obviando algunos factores diferenciales, lo que me contaron de las pugnas entre Lisboa y Oporto, que si unos son unos centralistas y lo tienen todo, que si los otros son la región más rica y sin embargo no hacen más que pedir y pedir (os suena?) y menos mal, les dije, que todos hablan el mismo idioma.

En el hotel, cuando me desperté a la mañana siguiente puse la tele y en TVE Internacional me empapé de Sanfermines, vamos que ya sé lo que es un toro jabonero, no sé cómo hasta ahora había podido sobrevivir sin saberlo y al ver las noticias me sentí como el emigrante que añora su patria en la distancia, a punto estuve de ponerme a cantar a Juanito Valderrama, después de saber que lo más importante que había pasado es que a un tío tenía una herida de asta de toro en el glúteo, vamos un pinchazo en el culo (por cierto, ¿Navarra sigue siendo española?) y que el Real Madrid había fichado a un defensa, por cierto, del Oporto, me di cuenta de que todo seguía en orden en la metrópoli y respiré tranquilo, España se había sobrepuesto a mi ausencia.

A la vuelta me tocó comerme un atasco de la leche con un taxista supermajo, una especie de Carlinhos Brown que hablaba un inglés estupendo, mucho mejor que el mío, con el que volvieron a salir las comparaciones entre España y Portugal, me sorprendió por ejemplo cuando me contó que la vivienda está más cara en Lisboa que en Madrid y Barcelona. Y no me timó al cobrarme, es curioso, de los 6 taxis que cogí en Lisboa esta vez ninguno de ellos intentó cobraarme de más como la otra vez que fuimos la niña y yo, y mira que esta vez me hubiera importado bien poco, ya que pagaba la empresa.

Por último ya en el aeropuerto miraba los monitores que una hora después de haber pasado ésta aseguraban que mi vuelo saldría a su hora y leía en mi tarjeta de embaque en que mi compañía barata aunque buenrollista decía “Eres lo que Vuelas” y yo pensaba: “buen rollito, si, soy cutre pero barato, han dado en el clavo” también me preguntaba si Montilla la semana que viene pensará lo mismo, casi que prefiero no saber la respuesta.

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