El rey Salomón era famoso por su sabiduría y buen criterio a la hora de tomar decisiones, de modo que era habitual que acudieran sus súbditos a él para resolver sus disputas, con el convencimiento de que sus resoluciones serían sabias.

Una día acudieron a él dos mujeres que se disputaban un bebé apenas recién nacido, cada una de ellas afirmaba que el niño era suyo y no había manera de saber cuál de ellas estaba en lo cierto y cuál mentía, así que se decidiera la que se decidiera una de ellas sería perjudicada.

El sabio rey Salomón habló:

“Mujeres, dado que no tengo manera de saber quién devosotras es la madre de este hijo, he tomado una decisión justa para las dos, voy a llamar a uno de mis soldados que con su espada partirá en dos al bebé y a cada una de vosotras os será dada una de las mitades, así las dos seréis premiadas y castigadas por igual”.

Una de las madres prorrumpió en sollozos y se tiró a los pies de Salomón implorándole:

“Buen rey, yo quiero a mi hijo por encima de cualquier cosa en el mundo y estaría dispuesta a perderlo antes que a poner su vida en peligro, por favor, dádselo a esta mujer, pero no le hagáis daño”

A lo que el rey replicó:

“Ni bien del niño ni pollas en vinagre, he dicho que lo partía en dos y como que me llamo Salomón que lo partiré dos, ¡coño ya!”

Escolar.net: “¡Dios lo quiere!”

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