Terraza del Hesperia Tower

Tomando un cocktail en la terraza de un hotel, edificio lujosísimo y de arquitectónicamente singular, de fondo una muestra típica de la arquitectua franquista, mucho menos lujosa pero no por ello menos singular, edificios colmena en la ciudad dormitorio de Bellvitge en los que la gente tiende la ropa en las ventanas, fundamentalmente porque no tiene otro sitio.

Como un minibocadillo de pan de olivas con escalibada al vinagre balsámico y una señora sale a tender la ropa en el bloque vecino, tomo un sorbo de cava y otra sale a sacudir el mantel al viento, pruebo el rissotto con foie y setas y me alegro de esa costumbre que tienen los hoteles de lujo, que ponen por escrito en que consiste cada mesa de canapés para que los garrulillos nos enteremos de qué cojones estamos comiendo.Hace un sol de justicia, y los ricos de verdad están en la terraza sentados, en bermudas tomando una cerveza, mientras yo me cago en “tó” por haberme puesto traje oscuro y sentirme como una hormiga asándose al sol, ellos se van al spa y yo pienso en qué putada me hará la RENFE en mi viaje de vuelta a casa.

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