Aquí estoy, en Madrix buitreándoles el Wi-Fi a mis padres.
Hoy por la mañana me desperté a las cinco de la mañana para venir, tiempo suficiente para quitarme la legaña, meter una camisa, un jersey y un parde gayumbos limpios en la bolsa, armar un poco de ruído y despertar a la niña (sorry, fue sin querer, de verdad) y hala, a dormitar al tren.
Tras hora y pico de trayecto aterrizo en la terminal C de El Prat, afortunadamente con las máquinas de facturación automática y la Iberia Plus puedo colarme por delante de todos los yuppies agresivos que hacen cola en la facturación manual (pero aún queda algún pringao que no viaje con billete electrónico?)
MEEEEEEC error, la máquina no me da el billete porque en la agencia de viajes se han confundido y no me la han posicionado con la Iberia Plus sino con el DNI, así que al pringao que escribe esto le toca hacer cola y pelearse con los yuppies agresivos. GRRRRRRR.
Se me escapa el puente aéreo, me dan tarjeta para el siguiente, control de equipajes, me quito el cinturón, se me caen los pantalones, no llevo nada metálico, jajajajajajja, ya está ya estoy, oye, que saques el portátil de la bolsa y vuelve a pasar, todo esto agarrándome los pantalones y ya están embarcando, vuelvo a pasar, con el ordenador en una mano, el cinturón en la otra y la tarjeta de embarque entre los dientes me dirijo a la puerta y ahora… DÓNDE HOSTIAS TENGO EL DNI?????
Me cago en tó, me lo he dejado en casa, vuelvo abajo para anular el billete y entonces me doy cuenta de que llevo el DNI suelto en el bolsillo del abrigo (entre tanto había llamado a erykah para que me lo fuera buscando) gilipollas, shak, eres gilipollas, vuelvo a pasar por el control de equipajes, la tía de los rayos X se descojona de mí, llego a la puerta dónde una empleada de Iberia con un Walkie me mira y dice, espera, un momento, no cerréis, que creo que aquí viene, cojo el periódico (*) y hago una entrada triunfal en el avión, me confundo de sitio, me vuelvo a sentar en el mío, miro el reloj, a estas horas un día normal estaría durmiendo, y para qué coño quiero yo “La Razón”? (*)
Empieza bien la semana.

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