Feliz Potlacht!
vaya mundo que nos ha tocado... No hay Comentarios »Espero que me sepáis perdonar este post un poco pedante de mi factoría “todo lo que sé de antropología lo aprendí en un libro de Marvin Harris (*)”
Los indios Kwakiutl habitaban el sur de Alaska, la Columbia británica y el norte del actual estado de Washington en los EEUU, vivían en cabañas a la orilla del mar y se dedicaban básicamente a pescar y a cazar. Su sociedad no era demasiado evolucionada, y los jefes basaban sus privilegios sobre el resto de su grupo en una ceremonia llamada potlatch, un festejo por medio del cual reafirmaban su estatus frente a los jefes rivales. De esta manera el jefe de la aldea daba un festejo al que acudían los jefes vecinos en el que se distribuía comida y bienes a efectos de reafirmar su estatus, su posición venía dada por su magnanimidad y sobre todo por el derroche. Los rivales menospreciaban la comida y regalos que les eran dados y a cambio prometían un potlach mucho más generoso.
Antropológicamente, esto que puede ser visto como un despilfarro tenía una razón de ser, ya que por una parte permitían establecer una jerarquía en sociedades que no tenían clase dirigente y por otra era una manera de redistribuir la riqueza de las zonas más ricas a las más pobres respetando su habitat natural.
Con el tiempo los pueblos practicantes del potlacht fueron desapareciendo, desplazados por sociedades más organizadas en las que la producción podía maximizarse en pejuicio del habitat.
Lo cierto es que en pleno siglo XXI, uno puede mirar las pintorescas costumbres de los Kwakiutl y tampoco las ve tan lejanas, en pleno potlacht de langostinos y angulas a precios desorbitados, padres que se recorren decenas de centros comerciales (las catedrales de nuestra época como dijo alguien, creo que era duardo Galeano) buscando la casa de Mickey Mouse, agotada en todos los puntos de venta, para así demostrar lo buenos padres que son. Se vislumbra la crisis no cuando los ciudadanos de esta tribu global en que habitamos notamos el puño en nuestras gargantas sino cuando estamos tan asfixiados que faltamos a nuestras obligaciones como consumidores.
Y si por algún casual no hubiéramos despilfarrado lo suficiente en Navidad y pasados los festejos aún nos quedara algo de dinero en el bolsillo (no es una leyenda urbana, por lo visto un amigo de un amigo mío conoce al primo de un tipo al que le ha pasado) tranquilos que existe un invento estupendo para redistribuirlo: “Las rebajas” gracias a las cuales conseguirán colocarnos los artículos que no quisimos en su día de una temporada que ya se está acabando. No quiero ni imaginarme lo que haría El Corte Inglés con los pobres e ingenuos indios Kwakiutl.
Feliz Potlacht a todos, y que en el del año que viene podamos redistribuir más todavía.
(*) El libro del que hablo es Vacas, cerdos, guerras y brujas de Marvin Harris, os lo recomiendo vivamente.

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