El miércoles tenemos que coger un avión que presuntamente nos dejará en Santiago, un avión de Iberia, desde el Aeropuerto del Prat, un poco “acojonao” si que estoy
Las noticias que leo no son nada halagüeñas ya que hoy, lunes, tres días más tarde la situación parece estar cualquier cosa menos normalizada.
Y yo me conozco, sé que los aeropuertos son el lugar del universo tridimensional en el que habitamos en el que más propensión a la crispación y al cabreo fácil (creo que los controles de armas los hacen por gente como yo) así que por quién más lo siento es por la niña que será quién tenga que aguantarme.
La verdad es que uno piensa en las motivaciones de los que han montado el pitote y no puedo evitar dejar de ser el indignado ciudadano que paga sus impuestos y sus billetes y recordar que es gente a la que iban (van?) a poner de patitas en la calle, después de que los “encorbataos” de turno hayan tomado la decisión de que su esfuerzo no era lo suficiéntemente rentable para los accionistas de la compañía, de manera que les quedaba una de las siguientes posibilidades:
a) Irse a la puta calle
b) Irse a trabajar (vivir?) a otra ciudad.
c) Irse a otra compañía perdiendo antigüedad, trienios y otros beneficios.
Yo en su situación nopodría asegurar que yo no haría lo mismo, si estuviera en peligro el sustento de mi familia, pero seguramente el miércoles estaré cabreado como una mona, por la incertidumbre de no saber si podré coger el avión o no, por el grado de empatía que alcanzaré con el ganado bovino y por muchas otras razones, entre ellas una cierta envidia, ya que el día que vayan a por mí no habrá huelga salvaje que valga, como mi trabajo o el cese del mismo no joderá a nadie más que a mí mismo mis lágrimas se fundirán con la lluvia.

PD: quizás no lo he dejadoclaro, pero por mucho que pueda solidarizarme con los trabajadores de Iberia, lo que ocurrió el viernes en el prat fue algo intolerable que va más allá de lo meramente laboral e incluso del perjuicio de los viajeros, pudo haber pasado algo muy gordo y que el hecho de que los pasajeros perdieran sus vacaciones fuera algo meramente secundario.

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