Cuando ahí fuera la lluvia empieza a adquirir proporciones “macondianas” aquí dentro, dentro de mi misma mismidad, parece que la cosa se va relajando poco a poco.
He tenido un pico de trabajo acojonante, yo, que estoy acostumbrado a entrar y salir a mi hora y tomarmelo con un cierto relax que me permite incluso parir posts durante el trabajo y ponerme al día del trozo de blogosfera que cuelga de mi blloglines. Bueno, a lo que iba esta semana como ya me temía se me ha caído el mundo encima (expresión muy de moda entre ciertos yupis para decir “marrón que te cagas”) de manera que he tenido que trabajar durante la tal fiesta nacional (nación, qué es una nación?) y duraante un puente que hipotéticamente me correspondía, me lo he montado, eso sí para poder trabajar en casa, lo que lo hizo más llevadero, porque poder ponerte a currar recién levantado y con la legaña puesta hace que la cosa cunda más. Cómo soy más de madrugar que de quedarme despierto hasta las tantas me despertaba a las cinco de la mañana, no era estrictamente necesario pero de este modo he podido disfrutar de los finales de jornada con la niña y el (cabrón del) gato, el efecto secundario es que es sábado y a las 6 y media de la mañana ya estaba despierto.
En realidad esto de trabajar desde casa, con un horario normal, podría ser una gozada (gracias VPN!!!!!) pero no creo que cuele.
Seguramente no habrá terminado del todo el marrón, espero que lo más gordo sí, pero bueno, es fin de semana, no pienso mirar el correo del curro, y ahora que llueva ahí fuera todo lo que quiera, escuchar el chapoteo de la lluvia es un placer más que añadir al del “dolce fare niente”

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