DIcen los que conocen el mar que antes de una tempestad el mar se queda extrañamente tranquilo, su superficie parece una balsa de aceite y el oleaje se reduce. También hemos aprendido que una de las maneras de predecir un tsunami maremoto es darse cuenta de que de repente el mar parece retroceder, como una bajada de marea pero a lo bestia.
Pues bien, eso es lo que percibo en estos momentos, después de una semana totalmente frenética en el trabajo ahora todo parece haberse tranquilizado, hemos entregado lo que teníamos que entregar y aún nadie ha llamado para protestar, para decir que está mal hecho (que lo está, hemos hecho el trabajo de 2 meses en semana y pico lo cual supone hacer hacer muchas hipótesis que simplifican el modelo) o que no es lo que estaban pidiendo (que lo es pero implicaría por parte de quienes lo recibirán realizar las ímprobas e ingenieriles tareas de sumar, restar, multiplicar y dividir, matemáticas avanzadas, vaya)
Y aquí estoy, sentado en mi mesa, acojonado esperando una llamada telefónica… “que no, que lo volváis a hacer todo, y lo queremos para ayer”

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