Dicen que es un honor, que representamos una cultura milenaria, que data de hace más de mil años, de la India.
Hemos sido tallados en fino marfil por las expertas manos de los mejores artesanos que nos dan esa forma que tanto les gusta a algunos acariciar y dejar resbalar por la palma de la mano.
Si, no nos mueven al tuntún, , no obedecemos a cualquiera, nos manejan auténticos grandes maestros que saben lo que es la apertura siciliana y el gambito de dama.
Pero no quiero seguir siendo un peón, un simple peón, envidio el caballo, de movimientos imprevisibles y que salta por encima de cualquier otra pieza, a las torres, fuertes e implacables en sus movimientos, a los alfiles, que cruzan la diagonal del tablero como saetas afiladas, quisiera ser como ellos y no tener que avanzar pasito a paso, pero sobre todo quisiera ser como la reina, con su libertad total de movimientos, que cruza el tablero como un ángel exterminador, como me gustaría a mí poder hacer lo mismo, dicen que si llego al final del tablero, si sigo avanzando y llego a la octava casilla de mi fila, podré convertirme en reina, desde entonces sólo pienso en una cosa, en avanzar.


In memoriam

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