… bueno, de mí y del bichito con el que comparto casa, cama, sueños, gato… y la vida en general.
No es que me haya entrado un fervor católico que me haya llevado a escribir de la muerte del tal Karol Wojtyla compulsivamente, aunque mis 2 últimos posts hayan estado dedicados a tal acontecimiento, el caso es que escribir de lo que todo el mundo, de lo único que se habla en estos días en todas partes (increíble ha conseguido eclipsar el Real Madrid Vs. Barcelona, el partido del siglo de esta primera mitad del año) y mi mente no está para muchas florituras.
La semana empezó con un viaje relámpago a Madrid, me hubiera gustado poder haber quedado con la gente que he dejado en esa ciudad pero la completitud de mi agenda lo hizo imposible, apenas tuve tiempo para ver a mi hermano un ratillo, sigue siendo tan tarambana y malqueda como siempre, si no fuera tan majete lo enviaría a la mierda :P Me quedé con ganas de más Madrid, a ver si en breve volvemos y nos quitamos el mono.
Mientras tanto la niña empezaba a dar sus primeros pasos en esta nueva etapa suya de “currita”. Se está adaptando muy bien y yo me alegro porque últimamente se le estaba cayendo un poco la casa encima. El que más lo sufre es el Moe que pasa mucho tiempo solo, pero como buen gato que es está hecho a eso de ir a su puta bola, pero cuando llegamos a casa se pone muy cariñosón.
A la vuelta del viaje me encontré una serie de marrones que me han tenido bastante absorbido en el trabajo, además marrones de esos repetitivos y desagradables, de los que encima ni siquiera motivan (si es que alguno lo hace), si además están relacionados con las frutas alegóricas de las que hablaba el otro día así que, aparte de alienarme y deprimirme, esta semana el curro me está pomiendo de mala hostia.
Para compensar un poco, estamos incorporando nuevas rutinas a nuestras vidas, más saludables ellas, en lugar de “patatasillonizarnos” a la vuelta del curro, me paro en la estación de Granollers, una parada antes de la nuestra y paso a recoger a la niña a la salidad del curro, así volvewmos juntos a casa y damos un paseillo (que siempre viene bien para la operación tanga de este verano) y desenchufamos un poco.

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