Después de que el tema de la eutanasia y el derecho a una muerte digna haya saltado a la actualidad por la vía cinematográfica oscarizada (la antonomasia de lo políticamente creecto) la sociedad, la de todo el mundo, digo, da pasos atrás e intenta prohibir desconectar a un vegetal enchufado a una máquina en los EEUU y se cepilla a la cúpula de un hospital aquí en la madre patria porque los sedantes suministrados a ciertos enfermos para mejorar su calidad de vida resultaron acortad la cantidad de la misma, algo que hasta la propia iglesia católica admite como correcto.
Más papistas que el papa, y eso.

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