El señor Frederic Lazarus descansa plácidamente en una mezcla de fluidos a muy baja temperatura. Un recuerdo late en un lugar recóndito de su mente, Fred, no te acerques tanto, unos chavales corriendo con sus pesadas mochilas, Fred, ven aquí!!!
El señor Lazarus despierta en una extraña habitación de hospital, la cama está integrada en el suelo y las paredes, en una única pieza, no parece haber ningún otro accesorio en toda la habitación, ni puertas ni ventanas, intenta moverse, pero hay algo invisible que le impide moverse. De repente se abre una puerta y entra un hombre, en realidad traspasa la pared como si esta fuera líquida, la pared vuelve a ser completamente lisa una vez éste ha pasado.
El hombre parece ignorarlo, va vestido con un extraño traje blanco que se adapta perfectamente a la forma de su cuerpo, sin costuras, dobleces ni arrugas, mira a la pared que se llena de símbolos extraños que el señor Lazarus no puede comprender y mueve sus manos como si estuviera tocando un piano invisible.
“Se sorprenderá de encontrarse aquí, ¿no es cierto?, señor Lazarus” éste se sobresaltó al escuchar de repente la voz de aquel hombre, atlético y de una edad incierta. “Lleva usted aquí casi doscientos años, tuvo usted un accidente ferroviario y su cuerpo quedó en bastante mal estado. Su familia se gastó dos millones de dólares en encargar a nuestra empresa, Phoenix Corporation, mantener su cuerpo vivo, en animación suspendida de manera que no envejeciera, y así cuando la ciencia fuera capaz de curar sus heridas podría ser revivido. Pues bien, ha llegado el momento, desde su época hasta la nuestra la medicina ha conseguido logros increíbles, lo que hemos tenido que hacer para devolverle a usted a la vida sería considerado un milagro no hace tanto tiempo.
El mundo a cambiado mucho en su ausencia, se han eliminado los grandes males que había padecido la humanidad a lo largo de la historia, el hambre ha sido erradicada y las guerras abolidas, todos tenemos nuestro trabajo y no se nos paga dinero sino que es el Estado el que se encarga de cubrir nuestras necesidades, ni necesitamos más de lo que nos dan ni nos dan menos de lo que necesitamos. Se preguntará cómo estamos tan seguros de que nuestras necesidades estén cubiertas, es sencillo, verá, hemos comprobado que es el deseo lo que nos crea necesidades, deseo sexual, deseo de posesión, de poder… si suprimimos el deseo suprimimos aquellas necesidades excepto las ajenas a la propia supervivencia, de manera que inyectando una adecuada dosis de endorfinas el deseo puede ser suprimido. Evidentemente hay problemas, en primer lugar el deseo sexual, en sus tiempos el deseo sexual era necesario porque era el método que tenía nuestra especie de poder perpetuarse, pero esto hoy en día no es necesario, se han desarrollado programas de reproducción externa al cuerpo humano, de esta manera el control de la natalidad es automático, con ello impedimos la superpoblación y la pervivencia de determinados genes que se consideran problemáticos. También está el hecho de que las aspiraciones humanas son precisamente el vehículo del progreso, no lo negamos, pero es posible inducir artificialmente las aspiraciones que sean necesarias en una persona, de acuerdo con su perfil de aptitudes. Todos recibimos automáticamente una inyección diaria de las sustancias que se encargan de inhibir los deseos e implantar nuestras aspiraciones.
También se preguntará que ha sido de su familia, lo cierto es que no entra dentro de nuestras atribuciones hacer un seguimiento familiar de nuestros clientes pero hemos podido averiguar que continúa vivo un sobrino tataranieto tercero suyo, en estos momentos reside en un centro de tratamiento de la tercera edad en Namibia, si usted lo desea le podremos dar sus señas para que ponerse en contacto con él.
Bien, señor Lazarus, quizás haya sido demasiada información para que usted la pueda asimilar en tan poco tiempo, será mejor que descanse, le acompañaremos hasta su domicilio y mañana pasaremos a buscarle para su rehabilitación, tenemos que hacer algo con esa barriga, podrá usted comprobar que ya no existen barrigas como la suya en esta época”
Vino un hombre, vestido igual aunque diferente al anterior, pero no podría asegurar en qué se diferenciaban, era igual de atlético que el anterior y llevaba el mismo corte de pelo, pareciían tener la misma cara, aunque era diferentes.
No intercambiaron ni una palabra, lo acompañó a una estación de lo que parecía ser un tren, llegaban cilindros plateados a gran velocidad y aunque no llevaban ninguna señal todos parecían saber cuál era el suyo, se subían y bajaban disciplinadamente y hacían cola avanzando lentamente, ya estaban en primera fila y el señor Lazarus vio llegar el suyo, sintió una necesidad irrefrenable de dejarse caer, el tren llegó a alta velocidad y lo arrolló, fue prácticamente volatilizado y todos los presentes quedaron manchados por su sangre.
Dos millones de dólares a la mierda.

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