Como una condena, dos años y un día compartiendo casa, cama y risas. Dos años y un día de que mi niña llegó a Madrid, con toda su vida guardada en una maleta, intentando sonreír pero sin poder ocultar el brillo húmedo en sus ojos. Hace 2 años y un día amueblaba nuestra casa un colchón y una botella de cava, no teníamos nada, sólo el úno al otro, es decir, teníamos todo.
Dos año y un día viviendo juntos, suma y sigue.

Posts relacionados con este: