Una de las cosas buenas que tiene internet, y más concrétamente este mundillo de los blogs es que muchas veces somos gente que compartimos inquietudes de manera que haya alguien que sea capaz de expresar lo que uno siente de manera más precisa que uno mismo, por ejemplo en el caso del revuelo que está montando la iglesia católica, que no promueve pero alienta manifestaciones en contra del gobierno socialista me encuentro con estas 2 joyas, la primera de Eduardo Haro que en un artículo magistral nos dice lo siguiente:

Los que no se van a divorciar hacen manifestaciones contra el divorcio; las que nunca abortarán, contra quienes lo necesitan; los que nunca se casarán con los de su mismo sexo, contra el matrimonio de homosexuales. Me parece que su concepto de libertad es poco ejemplar: su ira sería justa si les hicieran divorciarse, abortar o casarse con su confesor.

Colgaría el artículo entero porque no tiene desperdicio, pero ya he puesto el link arriba, la segunda frase la leo en rivadulla.info (ex indiferencia.net) que a su vez cita el blog psicofonías:

Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos.
Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo.
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Yo, por mi parte, si se me permite citar a cierto revolucionario cuyas enseñanzas cada vez han caído más en el olvido, y arriesgándome a ser tachado de rojo añadiría lo siguiente:

Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Supongo que sería mucho más fácil de aplicar en aquellos tiempos lejanos en los que los administradores de la palabra de Dios mangoneaban al Cesar e imponían su moralidad a los vasallos del César y a cambio el César entraba bajo palio en la casa de Dios.

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