Cuando sobran las palabras.
idas de olla 18-Octubre-2004El matrimonio M. se podÃa decir que era un matrimonio feliz, se conocieron de una manera bastante convencional y se casaron enseguida, fueron muy felices y cuidaron a sus hijos que al final se fueron de casa.
No es que hubieran perdido la felicidad, es que habÃan vivido tanto y habÃan pasado tantas cosas juntas que dejaron de necesitar las palabras, no hablaban no porque se aburrieran ni porque no tuvieran nada que decirse sino porque no lo necesitaban.
Bastaba con que la señora M. arqueara una ceja para que el señor M. supiera que se habÃa olvidado de bajar la basura y que tenÃa que hacerlo antes de que pasara el camión.
SeguÃan haciendo el amor, a pesar de los años que habÃan pasado, con el mismo ardor que en su juventud, cuando se iban a dormir el señor M. se sentaba en la cama, sentÃa un estremecimiento que le recorrÃa el cuerpo, se giraba y veÃa a la señora M. que lo miraba con ojos brillantes, entonces ya sabÃan lo que tenÃan que hacer, no necesitaban decirlo.
Un dÃa el señor M. miraba por televisión un documental sobre italia y sintió unas gasnas enormes de ir, pero no dijo nada, al dÃa siguiente se encontró encima de la mesa del comedor unos folletos de una agencia de viajes que su esposa habÃa recogido, unos dÃas más tarde la señora M. encontró en el mismo sitio unos pasajes para dos personas con destino a Roma. No necesitaron decirse que nunca habÃan sido tan felices en su vida, se miraron a los ojos y ya lo sabÃan.
Un dÃa el señor M. llegó a la casa después de comprar el periódico, se quedó mirando a su esposa y le dijo:
- Cariño, hoy he visto lo más extraordinario que haya visto nunca, estaba en el bar tomando un café y ojeando los resultados del fútbol cuando entró un vendedor de rosas, pero no era un vendedor de rosas como los demás, resulta que llevaba un pequeño mono atado con una cadena y el mono se paseaba de mesa en mesa, repartÃa las rosas a quienes las querÃan, se las cobraba y les devolvÃa el cambio, y el mono no se equivocaba nunca. Aquà tienes tu rosa.
La señora M. le miró con ojos brillantes como carbones, cogió la rosa y le dio un prolongado beso, de pelÃcula.
Nunca más volvieron a necesitar hablar.
el 18-Octubre-2004 a las 11:24 am
Precioso.
Aunque un ‘te quiero’ es siempre bienvenido.
el 18-Octubre-2004 a las 11:43 am
la clave no es la palabra, la clave es la comunicación. Esa hay que regarla todos los dÃas.
el 18-Octubre-2004 a las 1:09 pm
Es realmente gratificante llegar a este nivel de entendimiento con alguien.

Precioso, Shak
el 18-Octubre-2004 a las 1:10 pm
muchas veces las palabras sobran
el 18-Octubre-2004 a las 2:39 pm
Estoy con lo que dice Yambra, la comunicación es básica, y hay que cuidarla cada dÃa para llegar a ese entendimiento