Aquí estoy, soy el tipo trajeado y despeinado que está sentado en el último vagón del tren, si, sudo, quién no sudaría disfrazado de pingüino cuando las chanclas y bermudas parecen ser el traje nacional, bastante hago con respirar a través del exiguo tubo en que se ha transformado mi tráquea aprisionada por el cuello de la camisa (anotación mental: tengo que ponerme a régimen o tendré que tirarlas todas) y la corbata.
Esta noche apenas he dormido, normal, los nervios, ya se sabe… debo de tener unas pintas lamentables, sin afeitar, con el pelo largo y mal cortado, la expresión cansada; hasta la pantalla de la agenda electrónica parece tener caspa.
Pero el caso es que todo esto me da igual, hoy no hay quién me joda, excepto en el sentido estricto de la palabra, todo me la refanfinfla, ni siquiera la enormidad que debemos al banco me inmuta lo más mínimo, qué es el dinero a cambio de poder realizar un sueño? cuántos tienen tanto dinero que no les queda tiempo para tener sueños? aquí estamos nosotros, con un par de huevos, no necesitamos que nadie nos bendiga ni nos regale buenos augurios, somos dueños de todo lo que queremos, sobre todo los sueños, nuestros sueños, y a todo lo demás le pueden dar por el culo.

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