Josemari era un niño tonto y feo, tanto que los otros niños (malvados ellos) no le dejaban jugar con ellos, si alguna vez consentían en que se uniera a los partidos de fútbol que disputaban en la plaza era para hacer de poste. Una vez, jugando al escondite, le toco a Josemari buscar, los niños no sólo se escondieron sino que se fueron a jugar a otro sitio, y el pobre Josemari tuvo que se pasó la tarde buscando infructuosamente a los otros niños.
A la madre de Josemari le daba mucha pena la situación, a fin de cuentas una madre es una madre, de manera que un día echó mano del monedero, llamó a unos niños que pasaban por ahí, queréis ganaros un duro? les preguntó, claro, dijeron ellos, muy bien, pues esta tarde, cuando Jose Mari vaya a la plaza tenéis que hacer como si fuera amigo vuestro, tenéis que llamarlo y pedirle que juegue con vosotros y si jugáis al fútbol Josemari tiene que meter al menos un gol, si cuando Josemari llegue a casa está sonriendo os habréis ganado el duro, y así cada día que Josemari sea feliz.

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