De manera egioista uno deja pasar el tiempo, una semana y un día, ocho días y ya he hecho algo tan trivial como ver un partido de fútbol, me he reído alguna que otra vez para sorprenderme sintiéndome un poco culpable, entro en el tren y en el metro mirando escrutadoramente a mis vecinos de vagón, especialmente a los que tienen mochila, tengo que seguir pasando por atocha todos los días y aunque no parece haber quedado rastro del atentado aún recuerdo el intenso olor a plástico quemado del lunes, en 2 columnas del andén hay velas encendidas y ramos de flores, en el vestíbulo hay una explanada enorme de velas, ramos y mensajes de condolencia. Uno no puede evitar tener la catástrofe presente y afecta lo suyo, la verdad, quizás sea la razón de mi desánimo durante esta semana. Y lo jodido es que hay que hacer esfuerzos para que la vida siga, tiene que seguir.
En la web del colegio oficial de psicólogos de madrid han puesto una recopilación de documentos de autoayuda, uno de ellos trata concretamente de como afrontar las consecuencias del atentado, evidéntemente yo no he sufrido el atentado tan diréctamente como para necesitar ayuda, pero es interesante leerlo, algunas de las cosas que cuenta nos pueden pasar a cualquiera.

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