Pepe sólo tenía un problema, y es que se creía todo lo que le decían.
Se compró el coche que según los anuncios le serviría para estar con mujeres de las que ni siquiera veía por la calle, tomaba cereales con fibra, para mantener la línea que nunca tuvo.
Le dijeron, todos los políticos son iguales y él se lo creyó y votó a los de siempre.
Un día llegó a casa y se encontró a su mujer en la cama con otro, le dijo “Pepe, no es lo que piensas” y Pepe dejó de pensar lo que estaba pensando.
Otro día llegó a su trabajo, Pepe, le dijeron, tenemos que despedirte, no podemos evitarlo, es por el bien de la empresa, lo sentimos, y Pepe se alegró por la empresa.
Le dijeron, tienes que odiar a ese, por su color, porque no es de aquí, porque es él el que te ha quitado tu trabajo, y Pepe lo odió con todas su fuerzas.
Finalmente llegó un día en el que le dijeron: “Pepe, eres una mierda, no sirves para nada, deberías de avergonzarte” y Pepe se sintió como una mierda y muy avergonzado.

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