La vi de reojo mientras iba andando, en mi mundo como siempre, con sus labios carnosos y esa melena rubia platino, irreal e inesperada, sonreía pícara, por su boca asomaba una porción de lengua que sólo anunciaba cosas estupendas. No me pude resitir, me acerqué y pregunté: “cuanto?” “diez euros” “vale”
Desde aquel día en que se vino a casa furtivamente se instaló, a sus anchas, y se convirtió en la jefa. Pero yo sabía que este no era su sitio, no le correspondía un piso en una urbanización pija de Madrid, cada minuto que pasaba aquí era de prestado, en un momento u otro desparecería, las chicas como ella no pueden estar mucho tiempo en el mismo sitio.
Hoy llegué a casa y ahí me la encontré, en el suelo, caida, había tirado una lámpara y se había destrozado la cara contra el suelo, no pudo aguantar esta vida anodina y decidió quitarse de enmedio, porque aunque digan que fue un accidente yo sé que fue ella la que se quitó la vida.
Y ahora la recuerdo y me doy cuenta de que ni siquiera tengo una foto suya, es una pena, me hubiera gustado que pudierais ver el busto de Marilyn que hoy se cayó junto con una estantería de Ikea.

Posts relacionados con este: