El antidisturbios golpeaba nerviosamente con su porra la punta de su bota, llevaba 2 días acuartelado, esperando que llegara su momento de entrar en acción. Estoy hasta los huevos, pensaba él, me tienen aquí perdiendo el tiempo en vez de apaleando rojos y separatistas, que es lo que se me da realmente bien.
Sonó el teléfono y varios de los hombres levantaron la mirada, lo cogió el jefe, si, señor delegado, cumpliremos la misión, señor delegado, por supuesto que sin piedad, señor delegado, a sus órdenes, vivaspaña.
- A ver, muchachos, ya tenemos vía libre, por lo visto se ha juntado mucha gente y están cortando una calle en pleno centro de Madrid, hay que disolverlos, por las buenas o como sea, la consigna es tolerancia cero.
- Disculpe, mi sargento, qué quiere decir tolerancia cero?
- Joder, que va a querer decir, a hostia limpia, coño, que hay que explicároslo todo.
Los antidisturbios recogieron sus instrumentos, cascos, chalecos, escudos y porras, se subieron a las furgonetas, conocidas como “lecheras” en el argot, cuando llegaron se encontraron a una multitud, cantando consignas enfervorecida.
Jodíos rojos, os voy a dar yo para el pelo, zumba, zumba, ven pacá que te voy a dar pal pelo, zumba, zumba, los hijoputas son cada vez más jóvenes, a este mamón le abro la cabeza, zumba, zumba, toma capullo, se ha caido al suelo, lo voy a patear un poco por si acaso, zumba, zumba.
Media hora más tarde la multitud ha sido disuelta, se marchan los últimos furgones policiales con los detenidos que han cogido, a algunos se los tienen que llevar en ambulancias, aún suena la canción:
Cortilandia, cortilandia, vamos juntos a jugar, alegría en todo el mundo porque ya es navidad.

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