Campanazo de salida para las navidades, los comerciantes ya han puesto luces en las calles, cortylandia ya está provocando cortes de circulación en el centro de Madrid y en la casa de Gran Hermano ya tienen arbol.
Porque da igual que lleven más de un mes atronando a los niños con anuncios de juguetes (que hijoputas los anunciantes, saben que los niños son influenciables y no necesitan ser subliminales, un bomaredeo masivo de anuncios racimo es los más efectivo), la navidad empieza realmente con los anuncios de perfumes y sobre todo con el siempre cursi y repelente anuncio de Freixenet (este año pensé que por fin habían acertado con el de Cordón negro, que es cojonudo, pero no, ya tenemos a Paz Vega vestida de purpurina)
Como véis estoy dando mi subjetiva visión de las “tradiciones” navideñas, desde que tengo uso de razón la principal tradición es el mensaje: “consumid, conumid, malditos!!!!”, pero el caso es que no me gusta la navidad, nunca me ha gustado, si, ya sé que está de moda decir que no te gusta la navidad, pero joer es como lo qe pasó con Nirvana, a mí me gustaban ya antes de que se pusieron de moda, lo cierto es que no tengo recuerdos especiales de estas fechas, en casa solíamos tener el tradicional pollo familiar de nochebuena que yo, que soy mucho más sensible de lo que puedo aparentar, sufría enórmemente, y odio los villancicos.
Reconozco que hay cosas buenas, me gusta comer, hacer y recibir regalos, pero vamos, que no, que no soporto el famoso espíritu navideño que suele invadir a las masas sonrientes tontorronas.
Espero que me lo sepáis perdonar.

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