A ese bichito
que se despierta a mi lado,
a la mujer que atrapa mis anhelos,
a ti que eres capaz de regalarme
una sonrisa cada tarde,
a esa carretera en que conduzco
entre sinuosas curvas
y a esos ojos que la iluminan.
Es una pena que la rutina
me haga olvidar esas promesas
de un poema cada día,
y que me acostumbre demasiado
a la burguesía de tener
un abrazo asegurado,
un beso, buenas noches
y colecciones de suspiros
porque me olvido de darte
las gracias que te mereces,
las que tú tienes, por las que vivo.

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