Bufff, que difícil me está resultando conectarme a la vida normal.
Porque uno sale de esa especie de animación suspendida que suponen las vacaciones “todo vale, duerme poco, duerme mucho, disfruta de la vida, que son 3 kilos más?” y te acostumbras, porque es muy fácil acostumbrarte a la buena vida, estar con quien quieres, que suele ser la persona más fácil de encontrar del mundo ya que no se mueve de tu lado, hacer lo que quieres, que muchas veces supone no hacer nada, y donde quieres, o sea, al sitio al que has trasladado una rutina que al ser voluntaria no tiene una “t” que amenace derribo.
Y lo decía ayer, soy feliz, apenas algunas cosas me turban, y aunque sigan en “background” he aprendido a no hacerles caso, pero ese “soyfelizsoyfelizsoyfelíz” lo escucho como si alguien me pusiera una almohada en la cabeza que no me dejara oír bien, soy feliz pero podría serlo más, de hecho lo he sido más hace no demasiado.
Y es estúpido que lo diga ya que si de todas las cosas del mundo me dejaran elegir una sola, yo ya la tendría.
No es que sea un vago, es sólo que no me gusta trabajar, o más bien no me gusta tener que trabajar, ni me gusta vivir en un mundo que no me gusta, unos dirigentes que no me gustan y no poder hacer nada al respecto. No me gusta no hablarme con mis padres y tampoco poder hacer nada al respecto.
Y no me gusta estar así, planchado y sin ideas, lo peor de todo es que mi imaginación aún no ha vuelto de vacaciones, y la necesito urgentemente.

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