Y sin darme cuenta llegó
un viernes que no había
canelones en la comida,
y llegó el momento en que
tenía ganas de abrazarte
y tu no te quejabas
por si alguien nos veía.
Y volví a imaginar ese sitio
en que solías estar
pero ya no era un paraíso
como solía serlo antes.
Y ya no lloré al pasar
por esa calle en que lloraba
tanto antes al volver solo.
Y me di cuenta de que todo
era un recuerdo vago, obsceno,
como aquel perfume que dejabas,
que aún recuerdo, e impregnaba
esa camiseta que no encuentro.
Y me di cuenta que ya no puedo
llorar las lágrimas que he gastado

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