Bueno, no sé si la espera habrá sido ansiosa o no, el caso es que vuelvo a estar de vuelta, y eso sólo puede significar una cosa, que poco a poco todo se está normalizando.
La cosa empezó bastante jodidilla hace una semana ya que al final se torció el tema mudanza de la niña y no pudo hacerla el sábado como estaba previsto, al final llegó el domingo, con lo puesto y no con una furgo llena de cajas debajo del brazo, o sea que la casa se inauguró con un mobiliario más bien minimalista

El lunes como lo tenía libre por lo de la mudanza, invadimos Ikea con la intención de convertir nuestra casa en un “showroom” de sus muebles, además nos compramos una tele para nuestro dormitorio (monissssssima), una secadora y un deuvedé que aún no nos ha llegado.
EL martes fue el principio de la semana laboral, que se superponía con la semana de puesta en servicio de la casa, me desperté de madrugada para descargar las cajas de la mudanza de mi niña e “ipso flauto” corriendo para el curro, me hubiera venido bien tener esta semana libre…
Y poco a poco se van haciendo cosas, muchas de ellas por primera vez en esta casa nueva, primer uso del inodoro, primera mancha de café en el suelo, primer… bueno muchas cosas por primera vez. El caso es que esto con mucho esfuerzo va convirtiéndose en una casa con ojos y boca y no esa cosa irreconocible llena de cajas.
La víspera de San Valentín nos fuimos a cenar a nuestro restaurante oficial en Madrid, La Finca de Susana y el día de los amorcillados nos compramos unas cortinas para la ducha y nos tomamos una botella de barbadillo y unas raciones en EL Almendro, muy romántico todo.
El finde lo hemos ocupado montando los tropecientos mil muebles de Ikea, tengo que decir que: me cago en la serie Bönde, en quien inventó esas llavecitas hexagonales tan “cómodas” que reparten junto con los muebles y en quien se atreva a afirmar que los muebles de Ikea son fáciles de montar..
Hoy domingo he podido disfrutar del placer de sentarse delante de la tele (peasp tele de mi niña) con el periódico, tragándonos lo que nos echen por la tele y acurrucados. El piso empieza a parecer un hogar, sueco, de madera aglomerada con chapa de abedul, pero un hogar al fin y al cabo.

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