Cómo usuario veterano de Internet, soy bastante consciente del efecto que está teniendo éste medio de comunicación sobre los artistas (autores y/o ejecutores) es de cajón que estos tienen derecho a recibir una compensación remuneración a cambio de su trabajo, seguramente ahora mismo no estarán recibiendo todo lo que podrían conseguir y más teniendo en cuenta las infinitas posibilidades que existen cuando el acceso a internet de banda ancha se está convirtiendo en algo casi universal.
Sin embargo, cuando los artistas se miran al bolsillo y ven que están perdiendo dinero (los que pierden) creo que están equivocándose a la hora de buscar culpables, se está culpabilizando al síntoma en lugar de la enfermedad. El mundo está cambiando y sin embargo están dejando sus ingresos en manos de una industria anclada en el siglo XX; En el pasado la industria se encargaba de la promoción, fabricación y distribución de las obras y el coste de estas, y los sueldazos de los ejecutivos, se repercutía al comprador y con el dinero restante se remuneraba a los autores. Pues señores, esto se ha acabado, ya no es necesario fabricar los soportes y de la distribución ya se encargan los propios consumidores pagándose la conexión a Internet, por otra parte la promoción cada vez es menos necesaria gracias a las nuevas modalidades de marketing viral, el boca a boca de toda la vida (esto para la industria es más un inconveniente que una ventaja ya que no se vende lo que ésta quiere sino lo que la audiencia quiere, aplicándose criterios de calidad y no de presencia en los medios de comunciación)
Un ejemplo: la película Revolutionary Road, altamente recomendable si no la habéis visto aún, es evidente que Sam Mendes no la ha hecho únicamente por amor al arte y que Di Caprio y la Winslet cobraron por hacerla algo más que chocolatinas, y como ellos el resto de actores y equipo que trabajaron en la película, claro que se merecen cobrar por haber participado en ella, faltaría más. Pero claro, voy a buscarla en la Fnac y me encuentro con que tengo 2 versiones: versión en DVD (5,95€) y Versión en Blu-Ray (28,95€, Precio de Oferta), a mí hasta que no me demuestren lo contrario me consta que el proceso de creación artística es el mismo para sacar una versión y otra, y no creo que los esforzados trabajadores que han participado en la película hayan tenido que doblar el espinazo 2 veces, una para la versión en DVD y otra para el Blu-Ray. Los 23 euros de diferencia no son para reconocer ningún derecho de autor, ese es precisamente el dinero que la industria pretende ordeñar exprimir de sus consumidores más exigentes que quieren poder ver la película en Alta Definición para a continuación decirles a los que no son tan exigentes o no tienen un reproductor de Blu-Ray: “bueno, da igual, vuestro dinero también me vale”.
A mí la situación me recuerda demasiado a lo que ocurrió cuando salieron los CD’s, por aquella época un LP de vinilo costaba 1000 pesetas, al salir la música en CD estos pasaron a valer el doble que los vinilos, nos vendieron que esto se debía a que la calidad era mejor y el proceso de fabricación era más caro, el primer argumento puede ser más o menos discutible, pero el segundo es rotundamente falso, sin embargo el precio dela música ya no volvió a bajar; Ahora se compran muchos menos discos, el tener las canciones cómo ficheros que se pueden almacenar en el disco duro facilita la obtención y reproducción de la música, nosotros tenemos más de 300 discos que vamos a guardar en el trastero porque resulta mucho más cómodo reproducirlos desde la biblioteca de música almacenada en el ordenador, lo que es inadmisible es que la respuesta de la industria a esta situación sea: “canciones a 1 euro”, con lo que el disco sale al mismo precio que si se comprara en su soporte físico, aunque se ahorren el “carísimo” proceso de fabricación y el transporte y la distribución lo pague yo de mi bolsillo. Y algo parecido pasa con los libros en formato electrónico.
No es un ruego ni una petición, sino un consejo: “Señores de la industria: cambien ustedes, pueden seguir ustedes viviendo de sus autores y de los consumidores pero no tomándonos el pelo, no es cierto que no queramos pagar dinero, de hecho lo hacemos, yo gasto más en internet cada mes de lo que gastaba en el pasado en discos y cine, pagar pagamos, pero ustedes lo ven pasar por delante de sus narices sin que hagan nada por evitarlo, hay otras maneras de rentabilizar su producto, sean imaginativos”
Es evidente que harán lo que les de la gana, no cambiarán y todos saldremos perdiendo, los primeros ellos y con ellos los consumidores y los propios autores, aunque estos se conformarán con las migajas que les deje la industria y un impuesto revolucionario procedente de la época de las cintas de cassette, pero yo al menos no cambiaré de hábitos, haya o no alternativas, no compraré más discos para guardarlos en el trastero.
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