Al final la caldera estaba reventada, asi que desde el día D estamos sin calefacción y sin agua caliente: que guay es nuestra vida.
Pedimos varios presupuestos y haciendo números, listas de pros y contras y comiendonos la cabeza mucho, al final hemos decidido que nos pasamos al gas. Nos sale un poco más caro (cerca de 600€ extras) pero nos olvidamos de comprobar el nivel del gasoil, del mal olor del garaje y de que venga una inspección sorpresa y nos diga que el deposito es ilegal. Otro tema es como vaciaremos el deposito que cargamos hace nada con 1.000 litros.
Ahora mismo estoy esperando a la chica de gas natural para firmar el contrato y ver cuando empiezan con la acometida, luego a las cuatro vendra el lampista a ponernos un termo eléctrico para al menos tener agua caliente y finalmente tocará esperar a que desde el ayuntamiento se den prisa en enviarnos al técnico y de el visto bueno ( la espera ronda de tres semanas a cuatro meses) y por si fuera poco, dicen que esta semana empieza el frío ¿quien da más? Lo dicho: nuestra vida es guay.
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Ya he hablado en otras ocasiones de nuestros vecinos de enfrente, en particular de los de la terraza que da a nuestro patio.
Hasta ahora habiamos tenido una mala suerte horrible, cuando parecia que la cosa no podia empeorar, lo hacia y de manera descomunal.
En primavera quedo el piso vacio y respiramos con tranquilidad, el miedo a los próximos que vendrian era grande pero decidimos disfrutar de los días en los que el piso estuviera vacio.
A principios de agosto llegaron los nuevos inquilinos: un matrimonio con dos hijas pequeñas. Volvieron los miedos y la intriga de lo malos que serian estos y de como incordiarian en nuestra casa. Además y es algo que me avergüenza de sobremanera, son gitanos y eso me hizo temer doblemente al principio; y me avergënza porque no me considero racista pero en ese momento, me di cuenta de cuanto ha calado en mi “la sabiduria popular”.
Pero estoy encantada con ellos: ni un ruido, ni un mal gesto, ni la más mínima molestia. Las nenas han tirado un par o tres de juguetes a nuestro patio y te los piden con educación, no con los berridos de los antiguos, el matrimonio no se mete en nada, ni se asoman a ver que hacemos o dejamos de hacer en nuestro patio. Apenas hemos intercambiado unas palabras, solo para que el marido se disculpará porque la bebota que tienen esta en la época de tirarlo todo y por las molestias que nos pudiera causar que los juguetes acabarán en nuestro patio.
Despues de tanto sufrir y sufrir con los vecinos, por fin nos tocaba tener a gente civilizada y normal viviendo en enfrente. Espero que se queden mucho tiempo.
En pleno mes de julio, con la calorina que cae y en plena hora de la siesta, tenerme que poner a planchar es poco menos que un suicidio.
¿Por qué mi señor marido ha de llevar camisas al trabajo?
Y ya que esto es inevitable, ¿cuándo inventaran la moda de llevar las camisas arrugadas?
Odio planchar cuando hace calor!
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