Archivo Mensual para Julio, 2005

Hacia tanto

Abro los ojos: 8,20. Mierda, joder, mierda, joder.
Salto de la cama, meto la cabeza bajo el agua y mientras me seco con una toalla corro escaleras arriba, taza de café en mano para buscar el bonobús.
Bajo escaleras, cambio la toalla por el cepillo de dientes mientras coloco la taza en la mesilla de noche. Abro el armario, camiseta azul puesta… ¿Dónde estará la falda tejana? Revuelvo ropa, la encuentro, me la pongo. Busco el reloj, los pendientes y los zapatos. Bajo escaleras, lavándome los dientes aunque la pasta casi toda me la he comido. Dejo el cepillo en el primer piso, me lleno la cabeza de espuma y me peino con los dedos. Meto cosas en el bolso, da igual si son necesarias. Mierda, joder, mierda, joder: no tengo un euro. Subo escaleras, rebusco en los bolsillos mágicos de los pantalones de shaker: bingo, cinco euros, más que suficiente.
Bajo escaleras, aparto al gato que me mira con rencor (no le di ni los buenos días). Bajo más escaleras, cojo las llaves y salgo.
Pita el móvil, hoy no vienen a buscarme en coche.
Mierda, joder, mierda, joder.
Acelero el ritmo, mientras escribo un sms, el bus ya ha pasado: toca ir a trabajar caminando. Corro más que camino y sorteo todas las paradas del mercado, vendedores incluidos para llegar a tiempo (dos minutos tarde en realidad) al trabajo.
74 días trabajando. Empezaba a ser demasiado raro que aún no me hubiera dormido nunca.

Herido

Moe esta lleno de heridas, parece que fue a la guerra y salio vencido. Tiene que estar encerrado y me mira con ojos de cordero degollado porque no lo dejo salir al patio; Moe va todo el día puesto de antibióticos y por las noches deja que shaker lo acaricie con pomada, para después salir corriendo a lamerse cada caricia. Ahora no podemos tocarlo sin después lavarnos las manos y mi mente no para quieta buscando la manera de darle mimos, sin pasar por el lavabo. Moe ahora mira con tristeza y yo le canto canciones para que se sienta querido; en pocos días tendremos los resultados, y dentro de lo malo, los hongos serian lo más positivo aunque nos haya contagiado.

Bus

El autobús que me devuelve al trabajo tras haber engullido casi sin respirar un bocadillo, siempre llega tarde. A mi lado una mujer oronda, cada mediodía, me da conversación; lleva trece años limpiando en la misma casa y quiere a los niños que cuida, tanto como si fueran sus hijos o mejor sería decir nietos porque este año se retira aunque ha llegado al acuerdo de trabajar alguna hora suelta: que el servicio está muy mal.
Su vida es sencilla y su marido no la saca, aunque a ella le gusta salir a las fiestas mayores y a Canet de Mar. Tiene a los hijos casados y dos nietos que cuida su marido retirado, ella siempre tiene la sonrisa pintada en la cara, conoce a todos los conductores de la línea 21 y solo se queja por el dolor de piernas que la acompaña.
Ella me enternece con sus palabras, me demuestra que el ser una gran señora no tiene que ver con el status social, Carmen cada día me recuerda que la felicidad más grande se encuentra en los pequeños detalles.